Ivan Lasso Se asustó cuando comprendió que toda su novela de más de 500 páginas podía condensarse en 140 caracteres.
Condensó toda la experiencia de una vida en una frase, pero cuando encontró un papel, ya se le había olvidado.
Dejó de comprar novelas cuando se dio cuenta de que ahora sólo podía leer en pequeñas dosis de no más de 140 caracteres.
Su historia primero fue un poema. Luego, un cuento. Después, una novela y un guión de cine. El siguiente paso fue vivirlo.
¡Tengo una idea! ¡Una gran idea! ¡Fantástica, original, atractiva! Ahora, necesito un escritor que la escriba.
Perfecto: dramón que toca lugares comunes con frases ingeniosas. Quedo de profundo y recibo aplausos. Si con ésto no triunfo...
Después de tres años y 400 palabras al día, tenía un cantidad considerable de páginas llenas de basura. Pero siguió escribiendo.
Se deprimió cuando le dijeron que por autopublicarse un libro no era escritor. No le animó ni el dinero de los 2.000 ejemplares ya vendidos.
Tras varios libros de éxito y ser famoso en el mundo entero, recuperó el placer de escribir haciéndolo anónimamente en un blog.
El escritor tenía cientos de ideas, pero al sentarse frente a la página en blanco, se olvidó de todas. ¿Por qué dejaría Twitter abierto?